18/01/2007

Lecciones

Sentada aquí, en nuestro cuartito de hotal barato en Otavalo, perdida de todos mis conocidos que no pueden ubicarme si yo no quiero, lejos de las noticias de mis familiares, lejos de mi casa y de mis cosas, el viaje se plante enfrente mío como una realidad cierta. Ya no es el ideal que tenía, soñando entre mis sábanas limpias, mis desayunos deliciosos, mi guardarropa a reventar. No, estoy lejos de casa y lo que necesito para vivir ahora me cabe en una mochila. Ahora lo que importa es el hoy. No tengo mañana ni futuro definido. Mis problemas son inmediatos y no tengo jefes. Llevo dos semanas fuera de casa y siento como si hubiera pasado un mes. Y creo que puedo decir, pero sólo desde hoy, que el miedo comienza a ceder.
¡Qué aferrada estaba a la seguridad de una casa, de una comida! Estaba tan bien acomodada en Bogotá, tenía tantas cosas... Ahora lo sé, que no había planeación posible para esta aventura, porque nuestra principal motivación no era llegar a ninguna parte. No, era salir de la rutina, sacudirnos una vida que nos estaba matando. Es verdad que queremos llegar Ushuaia, hasta la punta de la Patagonia. No sé si vayamos a lograrlo, nos falta saber tanto... Pero ni siquiera ese es un destino, es solamente un posible entre un montón de otros posibles. Todos nos han pedido detalles, saber cuál es la ruta, cómo vamos a hacerla. Y planear este viaje en Bogotá nos daba tanto trabajo, porque no queríamos planearlo. Estamos andando, al ritmo que nos place, conociendo lo que nos place. No somos turistas, no queremos conocerlo todo, estamos haciendo nuestra propia ruta. Sé que La Madre nos está ayudando, sé que ella nos lleva y nos da señales. Sé que pone en nuestro camino más señales de las que somos capaces de ver ahora. Nuestra intuición sigue todavía dormida, pero nuestro cerebro está trabajando un montón. Mucho más de lo que lo hacía hace un mes. Lo sé porque ahora duermo más profundamente, tomo siestas más seguido. El tiempo de sueño es lo que permite al cerebro elaborar la información que ha obtenido en la vigilia. Crea lazos, se teje. Tejemos nuestra mente mientras dormimos y cada vez que me despierto me siento ligeramente diferente, siento que algo ha cambiado un poco. Me siento ligeramente más sabia.

No somos turistas ni queremos serlo. Estamos de viaje. Este viaje es nuestro. Veremos lo que tengamos que ver. Haremos lo que tengamos que hacer. La Señora será nuestra guía.

¿Para qué el viaje? El viaje para vivir por fin mi vida, para darle forma a mis propios proyectos. Para aprenderme. Para verlo y saberlo, que existen otras maneras de vivir, de estar vivo. Para alejarme de una vez por todas de lo que no quiero hacer. Este es mi intento, el mejor que he hecho, para hacer de mi vida lo que quiero. Ya no estoy muerta del miedo. Hay un camino: el que se dibuja bajo mis pies.

2 comentarios:

pastor dijo...

Continúa adelante Sonita. Aquí todo está bien. Nosotros, las cosas que dejaste, tus matas, todo está en orden después del pequeño olvido a que fueron sometidas algunas cosas por preparar el viaje. Es gratificante saber que haces lo que realmente quieres hacer y sabes que te apoyamos en todo. Algún pensador dijo: "Recuerda que tu corazón es libre. Sólo debes tener el coraje de ir a donde te lleve". Es lo que estás haciendo y está bien hecho. Vas a aprender cantidad de cosas. Aprovéchalas y guárdalas para ponerlas en práctica en el camino. Lo importante es no desfallecer y estar de acuerdo y conforme con lo que se hace. Esa es la verdadera felicidad y no hacer lo que otros dicten sin saber qué sentido tienen las cosas.

Un abrazo

Anadelis dijo...

Ciertamente no son turistas, porque los turistas no hacen lo que ustedes están haciendo. No hicieron un plan de viaje sino que están haciendo el camino a medida que avanzan "Se hace camino al andar".
Suerte